Motiva pensar que vivimos en un mundo simple que únicamente necesita de buenas ideas que lo mejoren, porque si algo caracteriza a nuestro mundo es eso, la total libertad para ser mejorado. ¡Hagámoslo! Construyamos una sociedad igual para todos y sin engaños, de manera que sea un poco más justa para todos cada día. Cambiemos el mundo, aunque solo estemos basados en unas ilusiones infundadas.

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domingo, 4 de diciembre de 2011

Reformas para Europa I - Los Fallos estructurales de la UE

Los Fallos estructurales de la UE

Europa, ese gran ente del que, pareciendo tan lejano, formamos parte, se enfrenta en estos últimos tiempos a "la peor crisis que asola Europa desde la II Guerra Mundial", en palabras de la canciller alemana, Angela Merkel, lo que, en boca de una alemana resulta significativo.

Pero nuestra Comunidad no está llevando a cabo la idónea respuesta que toda crisis merece: una respuesta dinámica, concreta y rápida. El tiempo pasa y en Bruselas nadie parece saber qué hacer. Las cumbres se suceden y las soluciones no llegan, y por si fuera poco, las que llegan no se aplican. ¿Qué falla dentro de la UE?


La UE está gobernada por tres órganos, el Consejo, la Comisión y el Parlamento, no obstante, solo el Parlamento goza de tener un carácter democrático. He aquí el primer problema de esta organización, y es que:
- La Comisión no tiene apoyo popular, y de esta forma es difícil tener poder político. Su líder es elegido por el Consejo, lo que nos puede llevar a pensar que se elegirá a esta figura para que no dé problemas.
- El Parlamento no tiene poder real y efectivo, solo tiene poder de crear propuestas y dialogarlas, pero no tiene potestad de llevarlas a cabo.
- El Consejo, verdadero órgano de poder, está compuesto por todos los Estados miembros, que solo tratan de buscar el interés propio frente a los demás. En cuanto a su líder, elegido por estos Estados, podemos decir lo mismo que al líder de la Comisión.

Es como si en España el Congreso no tuviera poder efectivo,  el Gobierno no fuera elegido por los españoles, sino por el Senado, y éste, cámara de representación territorial, fuera el que realmente gobernara.

Esto nos lleva al segundo problema de la UE como institución: el poder y la voluntad política. En Europa no existe una figura que se eche al continente a los hombros y luche por unirnos y defendernos frente a otras potencias. A día de hoy este papel lo llevan a cabo Jose Manuel Durao Barroso, presidente de la Comisión, y Herman Van Rompuy, presidente del Consejo, ambos meros representantes de los intereses de los diferentes Estados europeos a través del Consejo.

Por tanto, debemos corregir estos dos problemas de base antes de poder llevar a cabo una mejor política de otro ámbito. Primero, demos poder a la Comisión y convirtámoslo en órgano democrático mediante la celebración de unas elecciones europeas que no pasen desapercibidas, como ha pasado en años precedentes en la elección del Parlamento. Segundo, favorezcamos que el presidente de la Comisión sea el líder inequívoco de una Europa unida, que no distingue entre sus Estados miembros más de lo que lo haría cualquier Estado Federal.

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